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Cada Arcano Mayor del Tarot posee diversos atributos y diversos efectos. Hemos visto que los sistemas de interpretación son numerosos. Entre todos ellos, he elegido algunos grandes grupos que facilitan el descubrimiento del universo secreto de las cartas, un universo que se estratifica en cuatro niveles, a saber:
Primer nivel: el significado esotérico o alquímico generalmente admitido.
Segundo nivel: el sentido práctico de las figuras.
Tercer nivel: las correspondencias cabalísticas (fragancia, piedra, color, árbol, animal, región) que vibran al unísono con cada figura.
Cuarto nivel: el sentido adivinatorio de las cartas una vez echadas.
Cada personaje representado en el Tarot es, en sí mismo, un concentrado de símbolos alquímicos. En su dibujo, nada está librado al azar; cada color, cada accesorio tiene su importancia. Por lo tanto, será necesario describir sucintamente cada arcano antes de exponer en qué consisten sus grandes cualidades:
Tarot y videncia en la carta de XI La Fuerza
es, en los juegos actuales, una joven mujer que domina a un león. El león representa las energías primitivas vencidas: eso significa que las fuerzas interiores y los sentidos ya están domesticados. Su sombrero es un símbolo de eternidad. Este arcano combina la inteligencia, la pureza de espíritu y la inspiración divina. Quien tiene la Fuerza en su Línea de Vida estará seguro de su vida interior, encerrando además una fuerte noción de sexualidad, pero controlada y bien dirigida. También se verá en esta carta, entonces, un sentido de procreación. La fuerza proviene del dominio de los instintos, permitiendo un razonamiento claro y el poder de dominar las circunstancias.
Indica una gran fuerza de voluntad, es una carta potente y llena de energía, una de las mejores del Tarot aunque siempre se requiere del propio esfuerzo para lograr decisiones acertadas y rectitud, gran magnetismo y poder sobre los demás. En el plano afectivo se interpreta como gran atractivo sexual que permite una relación feliz, salvo que aparezca acompañada por la Torre, donde se tratará de la dominación de una personalidad sobre la otra. Encuentros cargados de pasión y entendimiento. Enorme poder para llegar a las metas propuestas.
Tiene las valencias astrológicas de Neptuno y Marte. Es una carta de vitalidad, de salud triunfante, tanto física como mental y moral, de acción sin desvíos. Marca el gusto por la lucha y la conquista. Equilibra a la vez lo psíquico y lo material. Su fuerza se comunica a las cartas vecinas y puede atenuar los efectos de algún mal arcano invertido. Según algunos intérpretes, constituiría la fuerza capaz de regenerar al Hombre, la "kundalini" de los hindúes. Esta fuerza habría de ser domada "con gran industria", al decir antiguo, o sea, herméticamente, sin tensión ni violencia, como lo indica la facilidad –expresada por la impasibilidad del rostro– con que la mujer del naipe mantiene abiertas las fauces del león.
Invertida: las pasiones son mal dominadas y existe una cierta falta de comprensión y amor. Traduce entonces una inmovilidad difícil. Sus correspondencias son el signo de Leo, el incienso, el jade, el amarillo cobrizo, el león, el heliotropo, la sequía y los países situados al oeste