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Cada Arcano Mayor del Tarot posee diversos atributos y diversos efectos. Hemos visto que los sistemas de interpretación son numerosos. Entre todos ellos, he elegido algunos grandes grupos que facilitan el descubrimiento del universo secreto de las cartas, un universo que se estratifica en cuatro niveles, a saber:
Primer nivel: el significado esotérico o alquímico generalmente admitido.
Segundo nivel: el sentido práctico de las figuras.
Tercer nivel: las correspondencias cabalísticas (fragancia, piedra, color, árbol, animal, región) que vibran al unísono con cada figura.
Cuarto nivel: el sentido adivinatorio de las cartas una vez echadas.
Cada personaje representado en el Tarot es, en sí mismo, un concentrado de símbolos alquímicos. En su dibujo, nada está librado al azar; cada color, cada accesorio tiene su importancia. Por lo tanto, será necesario describir sucintamente cada arcano antes de exponer en qué consisten sus grandes cualidades:
Tarot y videncia en la carta de XV El Diablo
simboliza la materia que puede enceguecer y cortar todo destino de evolución con el ser humano. Los dos demonios inferiores que le acompañan, uno del sexo femenino y otro del masculino, están encadenados por sus pasiones. Sus manos atadas muestran que no pueden ser liberados sin la ayuda exterior. Respecto de lo afectivo, la sexualidad aparece aquí como única finalidad, uniendo a los seres sólo con fines egoístas y cada uno pensando en su propia satisfacción. Indica entonces una atracción puramente física que no está sostenida por el amor. Muestra el nacimiento de una relación de la cual la persona se arrepentirá.
En otros planos indica astucia, tendencia a la agresividad y rebeldía, el desorden, disminuye la lucidez. Es también la carta de la hechicería (cuando aparece con la Luna o la combinación Torre-Diablo-Muerte –en cualquier orden– indica “daño de muerte”). Chusmeríos, desequilibrios psíquicos, traiciones. Hace referencia al dinero, pero en su sentido de corrupción. Puede ser dinero mal habido y, por sus connotaciones espirituales, por juegos de azar. Fraude, estafa, problemas de todo tipo, egoísmo, y se identifica con Neptuno, Capricornio y Saturno.
El Diablo ha conservado, de sus orígenes divinos, las alas y las piernas azules, símbolos de acción. Muestra la lengua –símbolo en todas las culturas del conocimiento exotérico, es decir, revelado y transmitido– pero aquí empleado para el mal. Toma por una hoja una espada sin empuñadura, con la que hiere pero también se lastima, señal de la persona que no repara en herirse a sí misma para destruir a otras. Su cornacupia le confiere una inteligencia fecunda y original pero amoral. El suelo amarillo con estrías negras marca a esta carta con una fuerte sexualidad que puede aprisionar al sujeto. Invertida es “menos mala”, pero se la interpreta en el mismo sentido. Se corresponde con el almizcle, el diamante, el verde oscuro, la cabra, la orquídea y las grandes ciudades.
La carta del diablo representa a un sátiro, una criatura que es mitad hombre y mitad cabra, bailando con la música de los tubos que tiene en su mano izquierda. En su derecha, agarra dos longitudes de cadena, cada uno conectado a un collar alrededor del cuello de una figura humana desnuda. Las cifras de un hombre y una mujer llevar cuernos pequeños, como los del Sátiro. A pesar de sus manos y pies son libres de danza, que son propiedad de sus cadenas del miedo y la fascinación por la música. En torno a ellos telar las paredes oscuras de una cueva. La cabra en el mito fue asociado con la lujuria y la suciedad, y era considerado un animal impuro y lascivo. Pero el macho cabrío simboliza también el chivo expiatorio, la persona o cosa a quien la gente del proyecto la parte inferior de los mismos con el fin de sentirse más limpia y más justa. Así, Pan, el Diablo, es el chivo expiatorio en el que le echamos la culpa de nuestros problemas en la vida. La cueva oscura y sin puertas implica que Pan vive en el campo más inaccesible del inconsciente. Crisis sólo se puede romper a través de la pared en su cámara secreta. Las figuras danzantes son libres, si así lo desean, para quitar sus cadenas, para que sus manos no están obligados. La esclavitud al diablo es en última instancia, de carácter voluntario que la conciencia puede liberar.